domingo, 21 de noviembre de 2010

ALMAFUERTE un platense universal

El próximo 28 de febrero (2006) se cumplen 89 años del paso a la inmortalidad de Almafuerte. Tenía entonces 62 años.
Había nacido en San Justo (actual partido de La Matanza), el 13/05/1854, en momentos en que el país iniciaba un cambio profundo regido por su novísima Constitución, y si bien buenos vientos soplaban para el crecimiento y desarrollo de la nación, mucha sangre habría aún de derramarse por cuestiones intestinas y externas, hasta afirmarse como el país pujante que mostró el Centenario.
Almafuerte -el poeta en cuestión- nació como Pedro Palacios en el hogar constituido por Jacinta Rodríguez y Vicente Palacios, quienes se habían unido en matrimonio el 12/08/1848. Completaban el grupo familiar sus hermanos Juan Bautista, Manuel, José Abel, Trinidad y Pedro; otros dos -Marta y Mariano- fallecieron tempranamente.
Desgraciadamente muy breve será la vida junto a sus progenitores (a los cinco años huérfano de madre; a los siete abandonado por el padre), pasando primero -por poco tiempo- a vivir con sus abuelos, y luego y hasta la adolescencia, con su culta tía Carolina Palacios en la ciudad de Buenos Aires. Ella será la madre del corazón; con ella se acercará ala lectura e indirectamente a la pintura.
Quizás sea la aludida circunstancia de su padre, el motivo que lo llevó después a firmar con seudónimos, sus múltiples artículos periodísticos, habiendo usado no menos de veinte.
Muy corto será su período de estudio que comenzó en la Escuela Elemental de Varones de la Parroquia del Pilar, sita en Santa Fe e/Paraná y Montevideo, pero muy grande su capacidad de asimilación, motivo por el cual algún biógrafo ha dicho “Con dieciséis años poseía una mediana cultura”. En esa su formación primaria -la tía Carolina y la Escuela-, la Biblia será su libro de cabecera; su punto de referencia.
El aprendizaje precoz y la necesidad de sustentarse, hacen que también tempranamente busque trabajo en el orden educacional, comenzando por 1870 como “ayudante” en la misma escuela en que había estudiado, para ser luego “preceptor” en varios establecimientos de Buenos Aires.
Docente sin título, ejerce el magisterio en diferentes escuelas y en distritos donde realmente se debía tener vocación para ejercerlo, por lo adverso de las circunstancias. Así enumeramos Mercedes (es maestro, da clases de pintura y dibujo y se aboca al periodismo), Chacabuco, Salto Argentino y Trenque Lauquen.
Estando en Chacabuco (1884), Sarmiento llega a la ciudad y es propuesto para dar el discurso de bienvenida; después de la recepción “el maestro sanjuanino” lo invitará a radicarse en Buenos Aires, pero él, pintándose de cuerpo entero, responderá: “Vea, yo me quedo en el desierto y cuando la pampa se haya poblado, me iré de maestro al Chubut”; parecería que ¡vencer a la adversidad con la educación como objetivo principal!, fuese su premisa.
Paradójicamente el 8/04/1896, siendo docente en Trenque Lauquen, se le retira la autorización para enseñar por carecer de título habilitante.
Pasarían setenta y ocho años, hasta que llega “post-mortem”, la reparación moral, cuando el 11/09/1974 se lo designa “Maestro Honoris Causa”.
Puede afirmarse que su vocación frustrada fue el dibujo y la pintura; deseó estudiar y perfeccionarse en las artes plásticas, y como le era imposible financiarse esos estudios buscó afanosamente una beca que le permitiera viajar a Europa por un aprendizaje superior, pero al frustrarse tal deseo, parecería que volcó toda su capacidad creadora en la poesía.
No obstante, cuando años después se establece como maestro en Mercedes, para ampliar sus ingresos publica en la prensa local el siguiente aviso: “Pedro B. Palacios. Pintor al óleo. Ofrece sus humildes conocimientos al público y a sus relaciones. Retratos de todo tamaño. Al óleo y al lápiz. Lecciones de dibujo a domicilio. Tiene su taller en el hotel del Comercio”.
En la adolescencia borroneó sus primeros poemas, pero como era un perfeccionista, una y otra vez volvió al ayer con afán de corrector en busca de mejorar lo hecho. Y si desde temprana edad fue educador con la tiza y la pizarra, también siempre lo fue desde la prosa y la poesía. No escribe para cantarle a una mariposa o a una puesta de sol, no. Más vale escribe para opinar convencido de su verdad, escribe para que el confundido recapacite, y si su voz es un trueno en la tormenta, su mensaje es relámpago de luz que señala un buen rumbo.
“Es pasión de Almafuerte humanizar al hombre”, apuntó sagaz Lázaro Seigel, y agregó, “Todo nobleza es su postura, virulencia su disposición (...) su poesía (tiene), sí, la metálica dureza del hierro, y no la maleabilidad del azófar (...) Habla con el fragor de los torrentes, no con la cortedad de los arroyos”. Precisas apreciaciones ciertamente.
La resonancia del verso la buscaba el poeta repitiendo una y otra vez lo que escribía en alta voz mientras caminaba de un extremo a otro de la habitación en que se hallaba. Sobre el particular, en oportuna conferencia que Jorge Héctor Paladini pronunciara cuando el Centenario de La Plata (1982), trajo a colación anécdotas que le contaran viejos vecinos que conocieron y trataron al poeta. Uno de ellos “afirmaba que, dueño de una voz potente y de acentos casi marciales, solía leer en voz alta sus poemas, buscando sus ritmos y limando lo que suponía sus asperezas, y con tono tan estentóreo que se percibía, claramente, de la vereda de enfrente”. Vivía entonces en su última morada, y la Avda. 66 no es nada angosta...
Aunque virulento muchas veces, poco afecto a doblar la cerviz, de decir sin tapujos lo que sentía, lo que provocó que no faltaran voces que lo tildaran de “resentido”, supo del reconocimiento de intelectuales contemporáneos, coterráneos y extranjeros. Valga como ejemplo la opinión de Ricardo Rojas: “Se levantó por su propio talento natural a las altas esferas de la celebridad literaria.” (el destacado es nuestro).
A pesar de su dedicación no pudo vivir de su pluma, y estuvo forzado permanentemente a la búsqueda de trabajo; a pesar de eso, compartió su pobreza con los vecinos más pobres, con el pueblo, con “su chusma”. Poco le costó compartir su pan, su mate, su puchero, su sopa. Ayudar le retemplaba el alma. Aunque sufriera. Por eso canta:

“Yo tuve mi covacha siempre abierta
para cualquier afán falaz o cierto,
y tan franco, tan libre, tan abierto
mi hermoso corazón como mi puerta”.

“Hombre ansioso de la verdad misma de las cosas, como hijo de esta tierra interesado en pulsar las cuerdas del alma argentina, en auscultar atentamente el pulmón espiritual de mi pueblo”, tal la autodefinición de su personalidad.
En 1916 -antes de la muerte del poeta-, el prolífico entrerriano Julián de Charras, quien asegura conocer “como pocos en sus detalle más particulares, la vida privada del poeta, por haberlo ligado a mi familia una antigua y constante amistad...”, a pesar de no compartir el concepto superlativo y la talla genial con que de Almafuerte se opinaba generalmente, declara que le admira el talento y la personalidad, y lo considera “poeta extraordinario”, rematando “Hermosa es la obra de Almafuerte. Juzgándola en conjunto, sobre el campo de la literatura universal, aparece como una de las más valientes rebeldías del espíritu humano”. Y conste que opina un crítico.
No siempre fue Almafuerte. Este seudónimo que habría de trocar su nombre, apareció hacia 1887 cuando ya había superado los treinta años, y fue a consecuencia de los artículos que publicaba a favor de la ley de divorcio, oponiéndose a los que Carlos Olivera firmaba como “Alma Viva”.
Por entonces tiene su primera residencia en La Plata, que será temporaria, ya que hacia 1889 vuelve a Buenos Aires. Regresará después para ejercer la dirección del diario “El Pueblo”, y hacia 1904 se establece definitivamente.
Amigo de lo popular, era un entusiasta del canto de los payadores, y así fue que remató el soneto que dedicara al trovero Francisco N. Bianco, diciéndole: “¡También hay genios en mi patrio suelo!”.
En este punto acotemos que si bien no cultivó el gauchesco demostró que lo conocía y podía abordarlo escribiendo “La Primera Traición”, poema de catorce estrofas en décimas que dedicara “Para el distinguido payador Alfredo F. Plot”, el 22/02/1903.
Se le ha querido buscar a Almafuerte antecedentes en los que se inspirara; se ha pretendido enrolarlo en tal o cual corriente o movimiento, pero Almafuerte es él: no copia a nadie y con nadie se ata. No es cencerro que amadrina, es campana que tañe y su tañido, ariete que golpea.
Respecto de su nombre siempre firmaba como Pedro B. Palacios, y a esa “B” nominal -que nunca aclaró el interesado- se la hace corresponder a Bonifacio o Benjamín, pero ni la inscripción de nacimiento ni el acta bautismal lo avala. Y este asunto ha desarrollado minuciosamente Atilio Milanta en libro de reciente aparición, donde expone que el poeta es “un tal Don Pedro... de apelativo Palacios”.
Resulta curioso enterarse “que Almafuerte sólo publicó un librito de 92 páginas, en 1906, con el título de 'Lamentaciones', siendo que hoy son incontables las ediciones que difunden su obra.
Al cumplirse el 75º aniversario de su natalicio, por Resolución del 15/05/1929 del gobierno bonaerense, se dispuso la edición de sus obras completas, estimándose en no menos de diez los volúmenes que habrían de compendiar sus poesías, discursos, epistolarios, un drama en verso, etc., material que fue reunido por la Comisión Nacional de Homenaje designada por los herederos.
Falleció Pedro Palacios el 28/02/1917, y el diario El Día del 1º/03 comenzó su necrológica diciendo: “En el silencio de su morada modesta y accesible, pero sin embargo tan prestigiosa e imponente e inquietante, como la guarida de un viejo león, ha muerto ayer para siempre , se ha extinguido ayer para siempre, el espíritu del más grande de los poetas de América, la existencia fecunda de una de las intelectualidades más vigorosas que haya producido la Raza.”
Pero en algo se equivocó Almafuerte... que nadie es perfecto. Erró cuando dijo:

“Y a pesar de ser bálsamo y ser puerto,
de ser lumbre, ser manto y ser comida,
¡a mi nadie me amó sobre la vida;
ni nadie me honrara después de muerto!”

Hoy es un poeta admirado y permanentemente estudiado sobre el que siempre se escribe. Un importante cenotafio lo recuerda en el Cementerio platense, que aunque nacido en otros lares y habiendo residido en la capital provincial tan solo unos tres lustros, está íntimamente identificado con La Plata, al punto que no dudamos en llamarlo “¡Un platense universal!”
La Plata, 25 de Enero de 2006

Bibliografía

- Charras, Julián de – “La Patria en marcha” (1926)
- El Día de La Plata – Diarios del 1º/03/1917 y 20/10/1982
- Milanta, Atilio – “¿Quién es Almafuerte?” (2005)
- Museo Almafuerte – Publicaciones varias
- Oyhanarte, Rodolfo - “La estética de Almafuerte” (Diario La Prensa, s/f)
- Palacios, Pedro – “Poesías de Almafuerte” Obras Completas Tomo I (1930)
- Paladín, Jorge Héctor –“Reflexiones entorno a la palabra del poeta” (1982)
- Seigel, Lázaro – “El paisaje lírico de la pampa” (1962)
(Publicado en Revista Magazine Inmobiliario de 02/2006)

lunes, 14 de junio de 2010

DÍA DE LA TRADICIÓN - Su 60 Aniversario (1939 / 1999)




“La Fiesta de la Tradición no es una devoción,
es una obligación, porque es la afirmación
de la Patria Misma.”
Artemio Arán
El “Día de la Tradición”, promulgado en la provincia por la Ley 4756/39, fue, por lo que se sabe, el primero en su tipo en el territorio patrio. Y acá lo curioso: ¡fue gestado por un grupo de hombres de la cultura, ajenos ellos -salvo uno- a los trajines ecuestres! Valga entonces una evocación.
Pasa por lo general, que hablar de dicha fecha y asociarla a Hernández y al Martín Fierro, es un acto reflejo; acto que, paradójicamente, se transforma en el árbol que no deja ver el monte, al hacer pasar inadvertido al grupo de hombres que lo gestó, aunque le dé esa situación un entronque decididamente “tradicional”, ya que los hechos concebidos por el pueblo y transmitidos de generación en generación, pueden reconocer una comarca o un pago de nacimiento pero jamás arrastrar o proyectar el nombre de su autor.
No obstante, por ser el caso un hecho netamente cultural y contemporáneo, merece la evocación de sus mentores y la revalorización de su logro.
Remontémonos al 28/03/1928, cuando en la Capital de la provincia quedó fundada la “Agrupación Bases”,con la intención de contribuir al enriquecimiento del intelecto para sobreponerse al materialismo de la época”, constituyéndose en “custodia” del legado almafuerteano; siendo su nombre un “homenaje a las Bases de Juan Bautista Alberdi” -según lo propusiera uno de sus miembros fundadores, Juan Ignacio Cendoya-, y su sede, la casona en que pasara sus últimos años el poeta natal de San Justo, Pedro Palacios.
Entre los muchos logros de “Bases”, es sin duda, el “Día de la Tradición” el que más trascendió, y el que -de alguna manera-, puso el broche a su prolífica existencia, ya que en 1945 cerró su ciclo vital, depositando en la Federación Gaucha Bonaerense (también creación suya y embrión de lo que hoy se conoce como movimiento tradicionalista organizado), la continuación de los festejos del 10 de noviembre.
Sin lugar a duda, los antecedentes que obran en el “Museo Almafuerte” dejan en claro que la idea de propender a la institucionalización de un día que conmemore las tradiciones gauchas sin que sea un festivo más, correspondió al poeta nacido en Ayacucho, Francisco “Pancho” Timpone, quién en una reunión de básicos (así se autodefinían los miembros de la Agrupación), en “el rancho criollo” de Justiniano de la Fuente, en la noche del 13 de diciembre de 1937, propuso abocarse a esa brega iniciando las gestiones necesarias ante el Poder Legislativo, tomando la fecha del natalicio de Hernández (“hecho trascendental en nuestra literatura autóctona”), como una fecha símbolo para evocar todo lo atinente a las tradiciones gauchas. A dicha proposición adhirieron entusiastamente todos los presentes: Juan Carlos Dellatorre, Arturo C. Schianca, Mario L., Sureda, Víctor A. Carlaván, Francisco Carbonell y el propio dueño de casa.
Casi inmediatamente Mario L. Sureda publicó en las páginas de “El Argentino”, un artículo bajo el título de “El Día de la Tradición”, que obtuvo rápida y grande repercusión.
Cuando el 6 de junio de 1938, “Bases” presentó oficialmente la nota con su solicitud ante el Honorable Senado provincial (presidido entonces por Aurelio F. Amoedo), al escrito que firmaba Víctor A. Carlaván como secretario designado a ese efecto (ad hoc), se adjuntaba el texto de dicho artículo.
De allí en más, sería ímproba la tarea desarrollada por el que resulta padre espiritual de la fecha, el poeta Timpone, quien a raíz de seguir insistentemente, paso a paso, cada uno de los movimientos del expediente que se generara con la presentación de “Bases”, recibió de sus compañeros el mote cariñoso de “la hormiga” por su incansable tesón, o aquel otro de “el monje blanco de la secta básica”, con que lo recordara el escritor costumbrista de la cordobesa Bell Ville (Fraile Muerto), Artemio Arán, ganado por la gente de la Agrupación para la causa de las tradiciones.
Ante lo bien encaminado de la gestión legislativa, “Bases” editó en junio de 1939, un folleto dirigido “Al Pueblo de la Provincia”, titulado “La Fiesta de la Tradición”, ilustrado en su portada por la imagen de un gaucho, lazo en mano (fruto de la creación del “básico” Atilio Boveri, que quedaría como lema gráfico de la fiesta), con una leyenda que rezaba “Las tradiciones son la raigambre de oro de la historia. Festejar las tradiciones significará glorificar la historia”, más esta breve cita: “Año Jubiloso de 1939”. ¡Qué así sentían aquellos soñadores dichos aconteceres!
En aquel texto, ya se invitaba a la población, a “la peregrinación cívica al Museo Gaucho ‘Ricardo Güiraldes’, de San Antonio de Areco, en homenaje y como consagración efectiva de “El Día de la Tradición”, que “Bases” había previsto para el 10 de noviembre de ese año.
Finalmente, tras las aprobaciones unánimes en las Cámaras de Senadores y Diputados, el 18 de Agosto quedó promulgada la Ley 4756/39 instituyendo la fecha gaucha, la que se publicó en el Boletín Oficial (entrando en vigencia), el 9/09/39.
Recordemos aunque sea al pasar, los nombres de los senadores Atilio Roncoroni y Edgardo J. Miguez, y de los diputados Carlos Sánchez Viamonte y Ernesto de las Carreras (h), entusiastas oradores todos ellos, en aquellas memorables sesiones.
Y llega el primer 10 de noviembre, y entonces -como recordaría “Bases” al año siguiente-, “con la colaboración de las autoridades provinciales y de los intendentes municipales de La Plata y San Antonio de Areco”, se realiza como ya lo tenían previsto, en el Parque Criollo, el primer festejo de las tradiciones.
Ya a partir de 1940, La Plata contendrá en su seno la fiesta, de allí que “Bases” considerara “indeclinable deber, significar (…) lo que ha representado, para alcanzar el mayor brillo,. Y ver coronada con el mejor de los éxitos su iniciativa de festejar el Día de la Tradición en la Ciudad Capital de la provincia de Buenos Aires, la colaboración amplia, generosa y patriótica del gobierno” provincial.
Sobre el particular, en carta que dirigida a Enrique Udaondo (Director del Museo de Luján) remitiera “Bases” con la firma de Timpone, al imponerlo de las novedades para noviembre del ’40, le expresa: “Este año -así como el anterior lo hiciera en San Antonio de Areco- nuestra Agrupación no escatimará esfuerzo alguno por esta fiesta de la argentinidad, de tan alta jerarquía nacional (…)”.A partir de ese año y por varios más, a la concreción de cada fiesta seguirá la publicación de un libro, resumen de todo lo acontecido. Cada uno de esos opúsculos, en su portada rezaba: “Día de la Tradición – 10 de Noviembre – Iniciativa de la Agrupación Bases”.
Con el advenimiento de la democracia, por esos caprichos de los hombres, la Ley 10220/84 modificó a la Ley 4756/39 el Art. 3° original, que pasó a decir: “Declárase sede provincial permanente de la tradición a la localidad de San Antonio de Areco…”.
Por otro lado, por Ley Nacional N° 21154 de 1975, el Congreso Nacional extendió a todo el territorio argentino, la vigencia del 10 de noviembre como “Día de la Tradición”, (cumpliéndose lo que era una inconclusa aspiración de “Bases”), declarándose Ciudad de la Tradición a la Ciudad de San Martín, por ser ésta, pago natal de Hernández.
60 años han pasado. La intensidad de los festejos ha sido intermitente. El esplendor de los años 40 se fue apocando, para resurgir entusiasta en los 80, fructificando con un montón de celebraciones en distintas localidades de la provincia y el país.
Sirvan estas líneas, como un homenaje a D. Osvaldo Durán, que con sus 96 años, es el único básico sobreviviente.
Y cerramos con las palabras sobre la tradición del único hombre de a caballo de aquella Agrupación insigne, D. Justiniano de la Fuente: “Para su hallazgo emocional es menester olvidar la posibilidad inmediata de encontrar la prebenda perdida en el camino, para divisar arriba la eternizada estrella del recuerdo”.La Plata, 25 de Julio de 1999
BiliografíaBases 1929 (Año I – N° 1)
La Agrupación Bases en su 10° Aniversario
La Fiesta de la Tradición (Folleto, 6/1939)
Día de la Tradición, Festejos Celebrados en La Plata (Años 1940 / 1942 / 1944)
Carta Agrupación Bases a Udaondo (1/10/1940)
La Fiesta de la Tradición, por Artemio Arán (1941)
Día de la Tradición y Monumento al Gaucho – Honorable Senado de Buenos Aires (1948)
Agrupación Bases: vida, pasión y vigencia, Lázaro Seigel (La Plata Ciudad Milagro, Ed. Corregidor 11/1982)
1939-1989 Día de la Tradición – Bodas de Oro, Carlos R. Risso (9/1989)


(Artículo publicado en el ejemplar Nº 29 de Revista "El Tradicional")

domingo, 16 de mayo de 2010

LA MONTONERA de Ensenada




Dado que el 22 de mayo de 2010, esta agrupación gaucha cumple 70 años, es bueno recordar esta nota escrita cuatro años atras.



Que el tradicionalismo es un sentimiento con raíces profundas, es innegable; y que el movimiento tradicionalista se sustenta en instituciones serias y bien constituidas, es una verdad que no necesita explicarse.
Y en las vecindades de la Capital de la provincia, la Agrupación Tradicionalista y Campo de Pato “La Montonera” de Ensenada, cumple con los principios antes mencionados. Y esto que es hoy presente y pujanza, arranca en un ayer del que ya nos separan sesenta y seis años.
Promulgada la Ley 4756/39 que instituyó el “Día de la Tradición”, la “Agrupación Bases” se aboca a la creación de una entidad que se encargue de difundir el ideario de la tradición y promueva la creación de “fortines gauchos”, y es esta la Federación Gaucha Bonaerense nacida al despuntar el año 40, y allí nomás -sobre la pata- un grupo de paisanos ensenadenses que ya había colaborado con “Bases”, un 22 de mayo de 1940 funda en la zona rural próxima a la Ciudad de Ensenada (entonces partido de La Plata, desde 1882 y hasta 1957), la Agrupación Tradicionalista “La Montonera”, entidad primigenia y señera en un antiguo “pago gaucho”.
En un campo del Ministerio de Asuntos Agrarios, donde como encargado se desempeñaba José Ortelli -paisano emblemático de aquel momento-, en vísperas de la fecha patria se reúnen un grupo de hombres de a caballo que decididos a aunar esfuerzos en pro de aportar institucionalmente al significado del recién creado “Día de la Tradición”, se amalgaman abriéndole la tranquera a la primera agrupación gaucha del distrito Capital, naciendo así, bajo un nombre que evoca a aquellos hombres, hijos de la campaña, que tras la figura carismática de un jefe natural –el caudillo-, estuvieron en todas las luchas que a lo largo del Siglo 19 se desarrollaron en pro de forjar una nación soberana, y que la historia recuerda como “las montoneras gauchas”; y parece que en aquella ocasión, reunidos ya una treintena de hombres, vieron por el camino acercase a tres paisano más lo que hizo que alguien exclamara “¡ya somos una montonera!”. Y así nació entonces, como “La Montonera” de la Ensenada de Barragán.
Transcurridos ocho años, deben entregar el campo en que habían nacido y donde desarrollaban sus actividades, y a la zozobra del primer momento, le sigue el reiniciar la lucha cuando D. Ramón Carnagui ofrece en préstamo 6 has. de campo, linderas al Club Petirossi, en la zona que hoy se conoce como “Villa Tranquila”.Y allí se instalan. Se han acercado “al pueblo” pero conservan su empaque gaucho.
En ese retazo decampo permanecerán hasta 1952, y dos años después se instalan en forma definitiva en el predio que hoy ocupan, donde han crecido y se han consolidado.
Sobre 10 ½ has. se desparraman: el campo de destrezas -que ocupa casi 3 has., perfectamente alambrado y con acogedora sombra sobre dos de sus lados-; los corrales, mangas y embarcaderos; el salón para las actividades sociales y culturales que se desarrolla sobre 360 m2, sin contar los sanitarios, la cocina, la pulpería y la secretaría; el tinglado para los asadores cubre un espacio de 10 x 20m; y una pulpería próxima al campo de destrezas que ocupa 80m2. A esto habría que sumarle la casa del casero y la hermita que cobija a la Virgen, en cuyas paredes se desgranan las placas recordatorias de aquellos socios y amigos que ya no están.
Y por si esto fuera poco, el empuje de la Comisión Directiva vigente ha encarado otra gran construcción -cuya estructura ya se encuentra erguida-, destinada a contener todos los carruajes de la institución, y a dar cabida a la Capilla que permita realizar las ceremonias religiosas de un bautismo, una misa o un casamiento, llegado el caso.
Y la columna de su haber no termina allí, pues debe ser “La Montonera” una de las pocas agrupaciones -si no la única- que tiene su propia caballada de reservados para los días de jineteadas.
Finalmente, en 1979 se obtiene la definitiva posesión de las tierras fiscales ocupadas, cuando ser procede a la firma de la escritura traslativa de dominio. ¡Un sueño cumplido!
AQUELLOS COMIENZOS
Volviendo sobre el lazo a los años primeros, recién en 1943 se constituye la Comisión Directiva como Dios manda, resultando su primer Presidente el Dr. Raúl Chávez, Presidente Honorario D. Lucio González y Mayordomo José Ortelli.
Ya por 1942 cuentan con “equipo de pato”, siendo una de sus primeras formaciones la integrada por José Di Rienzo, Demetrio Oliva, Estanislao de la Vega y Luis Carnagui. Y en este deporte también son pioneros en la zona, habiéndolo sumado a las corridas de sortija, jineteadas, yerras y las actividades sociales de salón, como que establecidos de su primera mudanza se formará su primer Conjunto de Danzas Nativas.
La práctica del “deporte nacional” hará que -deshojando el almanaque con el andar del tiempo-, al sumarse a la Federación de Campos de Pato, deba variar su denominación, ya que era necesario que la expresión figurase en su nombre, y así es que su actual nominación es “Agrupación Tradicionalista y Campo de Pato La Montonera”, hecho que ocurre hacia fines de la década del 60. Esto también le sirve como aval para seguir ocupando ese predio fiscal.
Y la institución crece. Es que sus dirigentes, socios y colaboradores le roban horas a la familia y al descanso: que levantar paredes, que blanquearlas existentes, que colocar postes y tirar un alambrado, que encerrarla caballada, que arreglarla para presentar los reservados en forma prolija, que hay que organizar un viaje o preparar la próxima fiesta, o que hay que colaborar con algún jardín de infantes, una escuela o el Hospital del partido, porque entre otras cosas, “La Montonera” es la Entidad de Bien Público Nº 2 de la Ensenada.
Y como si eso fuese poco, esos hombres toman para la Agrupación créditos a su nombre, y llegan al extremo de hipotecar sus viviendas para obtener medios que les permitan seguir creciendo y afirmarse.
Rememorando las principales cabezas de cada una de sus Comisiones, al ya citado Chávez, agregamos otros presidentes: Alberto Lastra, Antonio López Osornio, Mario de Olano, Rodolfo Goñi, Omar Lacay, Luis Carnagui y el actual, Juan Carlos Ameghino, con su primo “Pepe” Ameghino como Mayordomo y Gustavo Astorari como Capataz.
DE MÁS ACÁ
Algunas fechas se han hecho “tradición” en “La Montonera” más allá de la reunión aniversario, y está la “jineteada del aficionado” del 1º de mayo; la marcha por tierra a Luján para participar de la célebre “Peregrinación a Caballo”, y la “Semana de la Tradición” de noviembre, con exposiciones, reuniones folclóricas, conferencias, y dos días de destrezas criollas.
También asiste con regularidad a los grandes encuentros del “Día del Gaucho”, habiendo recibido en dos oportunidades la distinción como mejor agrupación otorgado por la Asociación Criolla. Aportando a la cultura, en su sede se dictan cursos de platería criolla, guitarra y danzas nativas.
Y no puede dejar de citarse que en 1985, aceptando un desafío de Víctor Di Santo y Pepe Curbelo, organizó el Primer Certamen de Payadores Noveles que sirvió para abrirle rumbo a varios intérpretes hoy reconocidos; y al año siguiente concretó un gran Encuentro de Payadores Rioplatenses.
Desde aquel primer partido de pato contra “El Carmen” jugado en el campo del Histórico Fuerte de Barragán en 1942, y desde aquella primera gran fiesta criolla a beneficio de los afectados por el terremoto de San Juan en 1943, mucha criollería y mucha tradición ha palpitado en la vida de “La Montonera”, y por lo que se ve y aprecia, habrá de seguir latiendo hacia el futuro, que una institución, nace con la grandeza de un sueño; luego se hace grande con el esfuerzo, el sacrificio y la dedicación de quienes la soñaron y quienes heredaron ese sueño. Y así es “La Montonera”.
UNA REFERENCIA FINAL
El campo de “La Montonera”, su entrada principal y su embarcadero, dan el frente al Camino Rivadavia que une a Ensenada con La Plata, y ese camino que para los viejos lugareños es “el camino blanco”, es la misma huella que Bernardino Rivadavia mando mejorar para tener un seguro acceso al viejo Puerto de la Ensenada. Como la misma atravesaba bajos y bañados buscando las lomas de la Ensenada, hubo que rellenar y aterraplenar, y para hacerlo se recurrió a la abundante conchilla de la zona, dándole un aspecto especial que hizo que se lo conociera por “Camino Blanco”.
Y a esa histórica senda da su frente la gaucha “Montonera”.

(Publicada en el N° 75 de Revista El Tradicional)

miércoles, 28 de abril de 2010

El 10 de Noviembre y una confusión

Escribo estas líneas a raíz de que en los últimos años he visto que ha ido creciendo una confusión, cuando llegado el mes de noviembre los amantes de las tradiciones gauchas nos aprestamos a celebrar, como un regocijo del espíritu, el Día de la Tradición.
Entendidos y neófitos, se encargan en rendirle tributo y homenaje a D. José Hernández, apareciendo en diarios, suplementos, revistas, espacios radiales y televisivos, datos biográficos del eterno poeta, escritos o narrados -según sea el medio-, reconociéndose en todos lados el valor del “Martín Fierro”, su dimensión y alcance, y el significado aún vigente de sus sextinas y sentencias (¡hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar!).
Aclaro que si de algo no tengo empacho en declararme, es en ser Sanmartiniano y Hernandeano, y digo esto para que no se malinterprete esta reflexión que comparto con los lectores.
Ocurre que cuando los impulsores del Día de la Tradición (en la provincia, al menos), se propusieron bregar porque tal iniciativa se convierta en ley (y entiendo que el propósito a nivel nacional debe haber sido el mismo), lo que pretendían era reverenciar con el alma de hinojos, todo lo inherente a las tradiciones gauchas del país, esos usos y costumbres propios del tipo social llamado “gaucho”, que se venía dando en el territorio nacional desde hacía casi dos siglos.
De acuerdo en esta condición básica y puestos a buscar una fecha acorde y apropiada para celebrar sin pitos ni matracas un acontecimiento que sirva como reverencia a la ya por entonces maltratada propia identidad, gestada en esos doscientos años ya aludidos, se convino en que el día del natalicio de Don José Hernández era el más apropiado, peticionándose entonces para que sea el 10 de noviembre, el día a instituir en el calendario de celebraciones.
El correr del tiempo y los vaivenes de nuestra propia realidad, han hecho -a mi entender- que poco a poco se vaya tergiversando el sentido del homenaje, al que interpreto mucho más amplio como un agasajo a todo el espectro de lo que significan y representan las tradiciones gauchas, que limitado a una conmemoración del natalicio del poeta gaucho.
Es reivindicar la identidad de la fecha, si lo que sobre la misma se escribe y se enuncia en los discursos del caso, habla de la historia del gaucho, por ejemplo, de sus habilidades y de su abnegación y de tantas cosas que tienen que ver con la cultura gaucha y sirven para su evocación.
Por otro lado hago hincapié en mentar las tradiciones gauchas, ya que la tradición, así a secas, comprende cuestiones que nada tienen que ver con el gaucho, su vida y sus costumbres.
No niego que el 10 de noviembre puede haber un acto frente al monumento de Hernández -donde lo haya- y que de él se hable; lo que sostengo es que aquello que se escriba o se difunda por radio y televisión puede y debe tener un contenido en el que converjan no sólo Hernández, sino todas aquellas personas que con su esfuerzo contribuyeron a desentrañar y honrar la imagen del gaucho, prototipo podría decirse, de aquellos que añoramos un país que se reconozca a si mismo por el basamento de la historia, y no una nación ignorante que ande gritando por pecho, espalda y sombreros extraños, consignas que en nada nos identifican ni nos representan y que sólo nos ligan al yugo de esclavitud cultural, la peor de las esclavitudes ya que se ignora que se la padece, cuestión que le apetece así sea a quien o quienes la imponen.
Sin olvidarnos de Hernández, tengamos presente que al celebrar el Día de la Tradición, estamos haciendo una simbólica reverencia a toda la historia del gaucho en su conjunto.
Sin crear controversias -que es lo que menos me interesa, pues sirve lo que construye, no lo que destruye-, espero haber aportado alguna luz sobre el particular.
La Plata, 19 de mayo de 2001
(Publicado en el N° 16 de Revista De Mis Pagos)

Don FERMÍN CHÁVEZ - Mi agradecido recuerdo

Cuando desaparece un notable de la cultura, una personalidad que ha trascendido por sus investigaciones y sus posturas, como por generación espontánea surgen amigos y muy amigos que el extinto no puede rebatir.
Y hago esta introducción porque el 29/05/06 cerró sus ojos el historiador y escritor Fermín Chávez, y a él me quiero referir sin haber sido su amigo.
Lo respetaba y admiraba como historiador, como experto hernandiano y como conocedor de la poesía gauchesca, temas estos que son mi debilidad.
De su mano, hace 25 años, conocí “Un Nuevo Diálogo Gauchesco” debido a la inspiración del Coronel Bernardo Echevarría, tal cual investigara y dejara establecido en la introducción que realiza al largo diálogo que al estilo de los de Hidalgo, describen en éste caso los festejos en honor a Rosas llevados a cabo en Palermo en 1851.
La lectura del poema me deparó la satisfacción de encontrar la cita del “pago de mis mayores” - La Magdalena - identificado a través de un estilo de espuelas que al protagonista le hace exclamar: “Qué espuelas Magalenistas”, referencia que me resultó útil para incluirla en un trabajo titulado “El Viejo Pago de la Magdalena en la literatura y sus escritores”, que escribí por entonces.
Luego, mi afición e interés por el tema hernandiano me llevó a consultar obras suyas, como “José Hernández” (1959) y “La Vuelta de José Hernández” (1973), convirtiéndose desde entonces en un referente ineludible para conocer y ahondar en una cuestión que aún hoy, sigue siendo tema de actualidad.
Más adelante, en una visita que hiciera a la carnicería-museo “El Resero”, de mi amigo Agustín López, en el barrio de Constitución, me autografió un par de ellos, y me enriqueció uno con varias anotaciones de puño y letra en distintas páginas.
Por entonces -corría 1992- la Subsecretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Lomas de Zamora, se contactó con la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalista (en la que siempre he militado), con la intención de homenajear a un poeta de su distrito que era nuestro Presidente Honorario, me refiero a D. Rodolfo Nicanor Kruzich, proponiéndonos organizar conjuntamente un certamen de poesía gauchesca con su nombre, cuyo primer premio consistiría en la edición del trabajo ganador. Manos a la obra, a la hora de conformar el jurado nos atrevimos en pedirle colaboración a Don Fermín quien no dudó en trabajar con nosotros desinteresadamente para llevar a buen termino esa intención, a la que se debe el primer libro del poeta de Cañuelas, Carlos Loray, “Entre Paisanos”, ya que resultó éste el trabajo elegido por unanimidad .
Y no fue esa la única vez que lo molestamos, ya que en 1995 lo convocamos junto a D. Carlos Antonio Moncaut y Abel Zabala, para que dictaminaran en el certamen de obras éditas “Faja de Honor 25 de Mayo”, y al año siguiente para jurar en el “6º Certamen de Poesía Gauchesca”. Y hago estas citas para destacar su predisposición a colaborar en emprendimientos que poco destacaban su nombre y más vale se engrandecían con su aporte. En ese sentido tenía Don Fermín el sí fácil.
Vale acotar que su actual compañera, la notable escritora platense Aurora Venturini -a la que conocí al expirar la década del 70 en la desaparecida editorial Ramos Americana por el tiempo en que publicaba su “Antología Personal”-, fue quien me indujo a ingresar en SADE La Plata, y a presentar mi primer libro de versos gauchos en sus certámenes.
Estos últimos años, 2003/4/5, conjuntamente con la Dirección de Bibliotecas y Promoción de la Lectura del gobierno provincial, Aurora llevó a cabo, siempre con la colaboración de Don Fermín, certámenes de soneto, cuento y ensayo -respectivamente-, dotándolos con premio en efectivo que aportaba de su propio peculio, y allí, asistiendo a las entregas de premios que siempre se efectuaron en salones de la Biblioteca “Gral. San Martín” (47 Nº 510), tenía la oportunidad de saludarlos y “chancear” con el maestro, respecto de que compartíamos la “categoría” de colaboradores de “De Mis Pagos”. Del último de estos encuentros, el 20/12/2005, guardo el testimonio de la foto que acompaña este emocionado recuerdo.
No dudo que el paso del tiempo nos irá dando la exacta dimensión de la obra y la personalidad de este entrerriano nacido el 13/07/1924 en “El pueblito”, vecindades de Nogoyá, en el modesto hogar de gente de campo que integraban Doña Gregoria Giménez y Don Eleuterio Chávez, y al que Fray Reginaldo de la Cruz puso en el camino de la literatura pensante, que le valió andando el tiempo, el Premio Consagración Nacional (1990) y ser declarado “ciudadano ilustre” de “su” Nogoyá y también de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2003), en cuya Legislatura fueron velados sus restos.
Una de sus última obras, “Historia y Antología de la Poesía Gauchesca” (2004), hará que lo estemos recordando a cada rato, por eso entonces que le decimos: “Hasta cada rato, Maestro”.
La Plata, 12 de julio de 2006(Publicado en el N° 25 de Revista De Mis Pagos)

martes, 27 de abril de 2010

Don CARLOS MONCAUT Un Hombre Inolvidable


Una forma potencial de evocar el “bicentenario” patrio, es recordando a quienes con pasión han trabajado por desentrañar los recovecos de la historia; por eso, para los platenses y especialmente para los de la zona Norte del partido, resulta ineludible referirse a D. Carlos Antonio Moncaut, de quien mucho vamos a extrañar durante éste especial año, las enriquecedoras notas con que nos ilustraría, sucesos y hechos curiosos de aquellos años gloriosos, que casualmente no aparecen en los textos habituales para el conocimiento del ayer.
El 22 del corriente se han cumplido dieciséis meses de su desaparición, acaecida a los 81 años, el 22/12/2008. Había nacido en la localidad de Ángel Etcheverri, se crió en vecindades de la Estación Ferroviaria La Plata, y desde su juventud se aquerenció en un encantador barrio próximo a la Estación City Bell.
Más allá de sus virtudes de historiador, es grato recordar -copiando su evocación de las cosas menudas-, que en el jardín de su confortable y apacible vivienda, se recrea con naturalidad el paisaje del campo pampeano, con matorrales de paja brava, árboles de la flora criolla, y alguna lagunita muy a propósito de los distintos patos silvestres y chajaes que pueblan ese ámbito, junto a alguna gallina y alguna pata criolla con sus pequeños a la rastra, todo prolijamente presentado y atendido.
Una base de molino, algún señalador de viejos caminos, un mojón de piedra, otro de madera dura, un mortero y cuantos etcéteras el lector imagine, se encuentran prolijamente diseminados por ese “criollo” escenario.
Moncaut, comenzó en su adolescencia -los 15 años aproximadamente- a interesarse por los temas rurales y por acopiar libros, diarios, revistas y todo papel que pudiese aportarle información del pasado. Recordaba con una sonrisa, que las monedas que su padre solía darle para ir al cine o algún otro pequeño gasto cotidiano, las guardaba, y cuando había juntado la suma necesaria, la invertía en algún libro que su ojo avisado había descubierto en ésta o aquella otra librería.
Al momento de su partida se encontraba abocado con ahínco a redactar un libro sobre “los grandes félidos americanos” (yaguareté, puma y otros), y tenía en mente -ya había apartado el material primario-, escribir sobre las cartas que Don Juan Manuel de Rosas dirigía puntillosamente a los encargados de las estancias que administraba. Y no es todo: hasta último momento siguió acopiando material de estudio.
Citando lo que menos que de él se sabe, es bueno recordar que tenía gran afición por la pintura, habiendo volcado en telas no muy grandes, agradables motivos y paisajes de distintos puntos que visitó del país, siempre acompañado por la inseparable “Lili”, su esposa María Teresa Barberis.
Quizás el destino lo tenemos marcado desde el momento mismo del nacimiento, por eso, cuando cumplió 80 años escribimos al comenzar una nota: "Parecería que el nacer en una escuela le marcó un destino 'de letras', y como esa escuela era rural, la particularidad le agregó 'el amor por la campaña' ".Simple y claro como un arroyo incontaminado, así era Moncaut.¡Gracias ‘maestro’ por habernos permitido abrevar en su aguada!

(Publicado en Semanario Norte - Diario El Día - Viernes 23 de abril de 2010)

lunes, 26 de abril de 2010

" ¿ A LA CHILENA...? "

La reciente “Exposición de Otoño” en la SRA me llevó a revisar papeles, buscando algo que escribí cuando la visité por primera vez en el año 2000, y que conservo inédito. Espero que lo entonces visto haya cambiado.

La 26° Exposición de Otoño de Caballos de la Raza Criolla fue mi primera experiencia en la materia. Me debía una visita para conocerla, y el sábado 18 concurrí.
Llegué pasadas las 15.15 hs. cuando en la pista se estaba llevando a cabo la paleteada, y me apuré a ubicarme en la tribuna.
¡Qué pingos!, se me iban los ojos; que manera de dar rienda ante las exigencias del jinete, ¡si las yuntas eran como tenaza ni bien calzaban al vacuno al salir éste de la manga!
¡Qué pelos bonitos! ¡Qué animales bien conformados! El que montaba el veedor o jurado (desconozco la denominación), de boina roja, parecía escapado del pincel de un artista (¿Sería un azulejo overo…?).
Tras la impresión primera otras cosas empezaron a llamar mi atención: las pilchas y los aperos. Había pensado encontrar expresiones regionales de todo el país, y de pronto llegué a la conclusión que estaba en un ruedo chileno. No había recados regionales (lo que más aproximaba era a la zona de Cuyo), ensillaban en su mayoría con cascos chilenos, muy cortitos (eso sí, había algunos cojinillos muy buenos) y el 80% con bajador, estribos capachos o de fierro, espuelas chilenas; los sombreros -muchos, no digo todos-, al estilo allende los Andes.
En ese momento calculé unos 40 caballos ensillados en la pista, y si mi ojo no le erra -por la distancia, explico-, uno solo usaba bastos.
Quiero creer que había cabañas y representantes de nuestra provincia, pero ¡no ví un solo recado corto al estilo de los que habitualmente se ensillan en nuestra campaña para el trabajo diario!
¿O será que los cabañeros obligan a su gente a esa usanza?
Otra cosa: todos los animales de larguísimos flequillos. ¿Cuál es la razón? Indudablemente es una moda. Puede que antaño alguno se lo usara, pero ahora todos igual…
Rescato el uso de la boina y el pañuelo tendido; mientras no nos uniformemos me parece una buena expresión.
Hago hincapié en reconocer que casi todos los paisanos demostraban ser muy baquianos, muy de a caballo. No tengo dudas de ello.
Otra cosa que llamó mi atención, fue ver castigar con la manija del rebenque pasada en la muñeca y agarrando del cabo; y lo peor, ver chirlear con bronca a algún caballo después de haber fracasado en la faena. ¿Qué culpa tiene el pingo?
Que lindo hubiese sido -para mi, opino- ver en un encuentro como ese, a los representantes de Santa Fe, Corrientes, Mendoza, Entre Ríos o de la provincia que fuese, con sus pilchas regionales de trabajo. La muestra ganaría en federalización y didáctica.
Pregunto: ¿desde cuando somos aprendices o copiones (que es peor) de los hermanos chilenos…?
¡Y no me vengan después con que es un deporte y hay que actualizarse!
Muy bueno lo que se mostraba en el pabellón de los puestos: los carruajes antiguos, el de Marenco (felicito a su nieto Francisco), los artesanos plateros que estaban trabajando, los puestos de platería y otras pilchas, y un lujo lo que ofrecía la Librería Capítulo I.
Artículo INÉDITO
La Plata, 21 de marzo de 2000

lunes, 12 de abril de 2010

ROBERTO COPPARI: Por siempre '¡El Patriarca!'


Se sacudió la Asociación, sus cimientos se estremecieron. Y no es que haya pasado un huracán. Peor aún: ha fallecido Roberto Coppari, padre espiritual de “la criatura”, numen creador que no escatimo esfuerzo por darle vida.
Hombre de bien, siempre antepuso el logro institucional al éxito personal, que su bajo perfil no le permitía ir por delante de sus sueños, sino apuntalándolos de atrás, que si ellos se afirmaban y sacaban pecho, una satisfecha sonrisa le florecía en la cara. Solo eso señalaba su logro.
Acostumbrado a darse en beneficio de los demás, tenía en el gaucho y el aborigen el altar en el que alzaba su plegaria por el bien de la Nación, ya que es posible que el peregrinar terruñero de sus primeros años le marcó una dimensión de Patria que lo caló hasta el tuétano.
Hijo de padres italianos (Da. Cesira Negozi y D. Juan Coppari), nació en Córdoba, en la localidad de Oncativo, el 1º de mayo de 1924; antes del año de vida, con su madre se traslada a la santafesina población de Casilda, donde permanece hasta los 18 años de edad en que se establece en La Plata; en ésta tendrá varias radicaciones, destacándose los años vividos en Avda, 19 esq. 73, y los transcurridos en la zona de “El Rincón” en Villa Elisa, donde tuvo al alcance de su vista un paisaje más afín con el de sus años de estancia.
Ocurrió que al quedar huérfano de madre a los 6 años, pasó a vivir con sus hermanas por parte de madre, Josefa y Olga, ya que la primera con su esposo, eran tamberos en la “Estancia El Mirador”; allí será “apoyador” y “boyero”, y a pesar de lo rudo del existir para sus escasos años, aprendió a querer la vida rural y a sentirse gaucho, como muchos de los peones del establecimiento.
A falta de establecimiento escolar, conoció los rudimentos básicos de leer y escribir, sumar y restar, de la mano de Olga y su cuñado. Muchos años después y ya radicado en la Capital bonaerense cumplirá el sueño de realizar estudios regulares, habiendo completado los cursos hasta la mitad del nivel secundario, asistiendo siempre de noche, después de una ardua jornada laboral, y muchas veces también, de haberle dedicado horas a la construcción de “su rancho”. Que así era el hombre: puro empuje y tezón.
Niño aún esbozó sus primeras rimas encerrándolas en una cuarteta, como aquella que rumiaba un día al encerrar el tambo y que a falta de papel, escribió con un alambre en la tabla de una tranquera.
Ya en la ciudad, por 1948 se arrima a la gente de la Asociación Interamericana de Escritores, en Buenos Aires, empezando a codearse con gente de letras, aunque no justamente del “gauchesco”, que era su rumbo, pero de allí siempre recordará a su presidente, D. Sebastián V. Datzira Copello (al que llamará “Tata espiritual de mi inquietud de soñador”), a quien acude para el consejo y asesoramiento cuando en 1950 publica su primer libro.
En La Plata participa de la fundación de la Agrupación Nativista “El Alero” y de la hoy Escuela de Danzas Tradicionales “José Hernández”; luego se vinculará a la Federación Gaucha Bonaerense durante la presidencia de Dalmiro Otero Rossi; más adelante, en épocas de su estadía en “El Rincón”, crea junto a otros lugareños, la Agrupación Tradicionalista “El Tala” de Villa Elisa; también es asiduo colaborador en los orígenes de la Comisión Permanente de la Tradición, como así mismo de las “Gauchadas para el Hospital de Niños Sor María Ludovica”, donde siempre estuvo para trabajar eludiendo el momento de la foto.
Pero hay dos hitos en su actividad cultural que lo hacían sentir orgulloso: la fundación, el 25/03/1984, de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas, a la que presidió por varios períodos, y la creación en 09/1985 (junto a Oscar Lanusse y Carlos Risso) de la Revista Mensual de Temática Costumbrista “Pa’l Gauchaje”.
Su actividad literaria fue prolífica y quedó plasmada en doce obras, a saber: “Rescoldo de Tradición – versos gauchescos” (1950); “Sueños Cimarrones – versos gauchescos” (1972); “Por la Patria y por lo Nuestro – versos gauchescos” (1972); “Patria Adentro – versos gauchescos” (1982); “Con los pies sobre mi tierra – versos gauchescos” (1985); “¡Siempre mi Patria! – versos gauchescos” (1997); “El Pasquín de un Patriotero – cartas y notas” (1997); “Sin mudar los sentimientos” (prosa, 2000); “Juan Sin Tiempo – relato en versos sobre hitos históricos” (2001); “Sin aflojar todavía – versos gauchescos” (2003); “¡Güena Suerte! Patria Mía – versos gauchescos” (2005), y “Juan Sin Tiempo – relato en versos sobre hitos históricos – 2ª parte” (2007.)
A estos debemos sumar la producción fonográfica “Rastrilladas” (1982), en la que Francisco Chamorro le pone música y voz a diez composiciones del poeta, mientras que el propio Coppari registra dos poemas.
Tampoco le fue ajena la actividad radial, siendo su primera participación a partir de 1962 como corresponsal en La Plata y evocando poesía gaucha, en la hoy mítica audición “Amanecer Argentino” de Mario Loruzzo.
Junto al también poeta “Coco” García tuvo su propio espacio en Radio Universidad Nacional de La Plata, y supo desarrollar micro-espacios por mucho tiempo en “Canto en Azul y Blanco” de Oscar Lanusse en la misma emisora.
Legó a su amada Asociación el local que ocupa como Sede, que desde la apertura de los cimientos y hasta el techo, levantó -silenciosamente- día a día, a su costo y esfuerzo, para entregarlo institucionalmente el 25 de Mayo de 1991, no pidiendo a cambio más que el regocijo de ver cumplido la obligación autoimpuesto.
El domingo 26 de Agosto, después de haber sufrido -en la madrugada del día 11- un accidente doméstico que le provocó una fractura de cadera del lado izquierdo, se apagó su vida de argentino enamorado de su Argentina, devoto del gaucho y hermano del indio.
Lo vamos a extrañar, “Patriarca”... ¡Cómo lo estamos extrañando!
La Plata, 4 de Noviembre de 2007
(Publicado en el Boletín de la AAET, en 12/2007)

ISMAEL DOZO: Poeta!

La fortuita circunstancia de llegar a nuestras manos un trabajo del Prof. Alcides Degiuseppe, nos avivó el recuerdo por un poeta cuya existencia estuvo muy vinculada a la Ciudad de La Plata y a la literatura del terruño.
Nos referimos a Ismael Dozo, nacido en Necochea, el 16 de diciembre de 1900, y fallecido en ésta el 24 de mayo de 1975.
Pasa varios años de su infancia en Eduardo Castex, La Pampa; luego cursa estudios secundarios en La Plata; retorna a La Pampa, más precisamente a Santa Rosa, y por último se afinca en la capital bonaerense donde estará empleado en la Escribanía de Gobierno, y en la Aduana, manteniendo un estrecho vínculo con la zona del Samborombón, desempeñándose como Jefe de Resguardo en el partido de Lavalle.
Sus composiciones poéticas reflejarán con emoción los paisajes de La Pampa de su infancia y también los de la zona bonaerense arriba aludida.
Su obra se integra con: “Vino de mis odres” (1923), “Las lontananzas olvidadas (1950), “El pájaro y la estrella” (1959) y “El canto en la penumbra” (1972), encontrándose inédito “El salitral, el médano y el monte”, que como tal recibiera en 1972 la Faja de Honor de la SEP.
Dice Degiuseppe que “Dozo debe ser tenido en cuenta como uno de los más calificados poetas argentinos, especialmente por su captación de lo telúrico, de lo costumbrista, del sabor local que no siempre está presente en tanta nitidez en nuestra literatura.”
D. Carlos A. Moncaut también lo evocó en su libro “Travesías de Antaño”, en el que reprodujo su muy gauchito “Romance del último postillón”.
Vital siempre escribió ya maduro: “El salitral, el médano y el monte... / lejano ayer que en mi recuerdo aflora. / Nada queda ya de aquella aurora... / Pero aún quedan, poblando el horizonte, / -testigos de mi infancia soñadora- / el salitral, el médano y el monte.” Se fue el 2000 y su centenario pasó -desgraciadamente- desapercibido, pero aún estamos a tiempo de rendirle el homenaje de la evocación, y recordar su poesía con este soneto:

EPUMER
Cacique pampa de una bizarra dinastía,
(Diz que nunca le vieron ni reír ni llorar).
Ranquel pujante y bárbaro que capaz que sabía
de amordazar al trueno y hacerle frente al mar.

¡Oh, salvaje holocausto de libertad!... Un día
se hizo astillas su lanza, vencida en el luchar.
No le sirvió de nada lo mucho que tenía:
El corazón de puma, la sangre del jaguar.

Cayó bajo el acero que conquistó el desierto.
Los médanos nativos cubrieron aquel muerto
que al arenal sediento dio su sangre, al caer.

...Y a la Pampa parece conmover todavía
la enloquecida tribu que, sañuda y bravía,
bramaba entre los montes: ¡Epumer, Epumer!...

Fuente: "12 Personalidades del Siglo", Ed. Almafuerte, 1982
(Publicado en el Boletín de la AAET, en 03/2007)

150° ANIVERSARIO DE VENTURA LYNCH

Ventura Robustiano Lynch, a quien queremos evocar en estas líneas por haberse cumplido 150 años de su natalicio, vino a la vida en la Ciudad de Buenos Aires y en el hogar conformado por D. Félix Lynch -descendiente de los duques de Lancaster y con derechos a ese título- y Da. Bernabela Andrade, el 24 de mayo de 1851.
La holgada posición de sus mayores le permitió acceder a todos los niveles de la educación de entonces (le faltó poco para ser médico), y también abocarse al aprendizaje de idiomas, música, pintura y taquigrafía -entre otras cosas-, como así mismo viajar por Europa aprovechando para ampliar y perfeccionar el bagaje de sus amplios conocimientos.
Si bien se interesó por aquellas culturas, a diferencia de la mayoría de los intelectuales de su tiempo, volcó su atención y aguda observación para todo lo atinente al gaucho, su cultura y su habitat e inclusive del aborigen. Y del mismo modo que viajó allende los mares, se aventuró al ondulante y sorprendente mundo de la llanura pampeana, recorriendo estancias, alternando con el gauchaje, retratándolo en sus pinturas, tomando versión taquigráfica de sus decires y canciones, volcando al pentagrama las melodías de las músicas que escuchaba, observándolo todo y registrando esas cuestiones, que no eran novedad, pero que ningún connacional hasta el momento, había encarado bajo un encuadre tan completo como el que pretendía.
Ya entonces -década de 1880-, los cambios se aceleraban, baste mencionar la sola difusión del alambrado y la inmigración agraria, para verificar el proceso que debían afrontar las costumbres propias del medio rural; de allí que el Prof. Cortazar, estudioso del tema, opinó: “La acelerada transformación que iba sufriendo el país hacía temer por el bastardamiento de las costumbres tradicionales.”
Testigo atento de la situación, y quizás, por sus vínculos ingleses o porque había tomado conocimiento en su periplo europeo, lo cierto es que su obra, de alguna manera, compendia los esbozos de la nueva disciplina entonces llamada “folk-lore”.
Su texto -no muy voluminoso- con el curioso título de “La Provincia de Buenos Aires hasta la definición de la Cuestión Capital de la República”, vio la luz en 1883, impreso en La Patria Argentina, y en él, en apretada síntesis intentó una clasificación del gaucho, que dividió en: “Los primeros gauchos”, “El gaucho federal”, “El gaucho unitario”, “El gaucho actual”, “El indio”, “Los primeros indios” y “El indio actual”; quedó pendiente de publicación lo que había denominado “Atlas”, y que consistía en ilustraciones sobre “Costumbres del Indio y del Gaucho”, y que sin duda hubiese sido un acertado complemento al texto editado.
Si bien en el Siglo Veinte se profundizó en el estudio del gaucho y se superó el nivel de investigación de Lynch, con acierto dice Cortazar “debe figurar entre nuestros primeros folkloristas” y débesele reconocer el mérito de haber encarnado “el primer intento” de recopilación e investigación “entre nosotros”.
En ediciones posteriores, dicho libro fue titulado “Cancionero Bonaerense” y “Folklore Bonaerense”.
Falleció en su ciudad natal el 14 de enero de 1883.
La Plata, 11 de mayo de 2001

Fuente: “Folklore Bonaerense” de V. R. Lynch - Colecc. Lajouane (7/10/1953) con noticias preliminares de Augusto R. Cortazar.
(Publicado en el Boletín de la AAET, de 06/2001)

martes, 6 de abril de 2010

MONCAUT y 'Ranchos y su Comarca'


Comentario referido al último libro que publicara el notable historiador


Don Carlos Antonio Moncaut, de alguna manera “nuestro patrono” como que la biblioteca lleva su nombre, y es un ineludible referente y un consejero siempre a mano cuando las circunstancias lo requieren, ha dado a conocer hace unos cuantos meses, un nuevo libro que por ser una edición oficial fuera de comercio, ha recibido poca o escasa difusión. Nos referimos a “Ranchos y su comarca -desde su prehistoria hasta 1851”, publicado por la Municipalidad de Gral. Paz, en formato de 17 x 25.5cms con 396 páginas.
En realidad el libro aparece con los nombres de Marta Inés Martínez y Carlos A. Moncaut como co-autores, y esto merece una explicación.
Marta I. Martínez, que fuera Directora del Museo Histórico de Ranchos -museo que hoy lleva su nombre-, durante prácticamente una década encaró en el Archivo General de la Nación, la minuciosa búsqueda de toda aquella documentación que se vinculase con Ranchos, habiendo llegado a confeccionar más de 900 fichas.
Tras su fallecimiento, su trabajo de recopilación fue depositado en el Museo, hasta que Mabel Colombo de Puig, interesó al Intendente Don Edgardo Uribarri sobre la necesidad de dar a publicidad la documentación reunida, para lo que se pensó en D. Carlos Moncaut, quien ya en 1978 había dado a conocer “Los Más Remotos Orígenes de Ranchos”.
De allí en más éste autor seleccionó un total de 132 fichas, a las que procedió a elaborar “notas” explicativas, y a estas fichas las dividió en trece capítulos, agrupándolas por fecha.
Y acá viene la gran tarea de éste miembro de la Academia Argentina de la Historia: delinear la obra, estructurarla y con sus aportes enriquecerla, comenzando por la propia tapa, en la que reproduce la pintura “La Caza del Guanaco”, mural de 3.5 x1.90m. pintado en el hall de planta baja del Museo de La Plata por José Speroni, supuestamente entre 1887/1890.
Luego la lectura de la “notas” nos provee un amplísimo paseo por casi cien años de vida de la campaña porteña.
Referencias que van desde los aspectos geográficos, laguna, pasos, río, pastizales, pasando por la flora y la fauna; datos sobre tribus y caciques que poblaban o llegaban a la zona; primeras expediciones militares que buscaban establecer y fortalecer la frontera; inmigración española; el heroísmo de D. Clemente López; la formación de las expediciones de la sal; malones que hicieron historia; corridas de toros; las cacerías; perro cimarrones; los nutrieros; los Montes del Tordillo refugio de matreros; las pulperías; los Libres del Sur; los jueces de paz; y mucho más, que todo y de todo ha sabido ordenar Moncaut perfectamente e ilustrar con sobradas dotes, recurriendo a fuentes de información mayoritariamente “raras”, pero que “el maestro” maneja con solvencia y suficiencia, y lo que es muy importante, la información detallada de cada una de estas fuentes.
Curioso nos ha resultado y por ende lo mencionamos, el hecho de encontrarnos con citas extraídas de obras propias que se encuentran inéditas, y pensamos que merecen nombrarse: “Los indios pampas”, “Recuerdos del tiempo de antes”, “Vocabulario del Martín Fierro”, “Los destronados de la llanura rioplatense: el yaguareté o tigre y el león o puma”, “Geografía insólita y pintoresca de la provincia de Buenos Aires”, “Rosas estanciero” y “La carreta en nuestra tradición”.La finalidad de este libro, como dijo el Intendente, es que “...llegue a conocimiento de todos los rancheros, jóvenes y adultos despertando el interés en forma amena por las cosas muy nuestras...”, y así es que fue distribuido en las escuelas del partido.
Como corresponde a un libro de Moncaut, profusamente ilustrado y profundamente bonaerense y nuestro.
Con el paso del tiempo irán apareciendo ejemplares en esas “librería de viejo” que tanto amamos los que de libros nos nutrimos.
Felicitaciones a la Municipalidad de Gral. Paz por encarar la publicación, y de Moncaut que más podemos decir: ¡Gracias por su pasión por desentrañar la historia cotidiana!

(Publicado en el Boletín de la AAET, de 06/2007)

JORGE CALVETTI: un gaucho norteño


“A los 86 años, falleció ayer el poeta y académico Jorge Calvetti”.
(La Nación, 5/11/2002)

La triste noticia me llevó a rememorar como fue que conocí al ilustre escritor.
Corrían los primeros años de la década de 1980 cuando SADE La Plata organizó un acto en el que se lo homenajeaba, y la escritora Alicia Agnese de Ripa, entonces secretaria de la institución, me convocó para que junto a otros dos “jóvenes” poetas leyéramos trabajos nuestros en dicho acto, el que se realizó en un salón adjunto al Museo Municipal de Bellas Artes, en el Pasaje Dardo Rocha, ala sobre calle 50, esquina 7.
Sentado en primera fila, de traje oscuro y lentes de importante armadura que daban un aspecto académico a la seriedad de su rostro cetrino, como tallado a influjo de andinos ancestros, allí estaba el homenajeado, atento a los sucesos.
Recuerdo que leí unas octavas endecasílabas tituladas “Tala”, dedicadas al árbol de dicha especie que erguía su imponente y antigua figura junto al corral de la yerra en casa de mis mayores, y tras el acto, cuando los saludos de agradecimiento y despedida, Calvetti, deferentemente al estrecharnos la mano, me comentó: “Su poema me ha hecho recordar el tala que estaba en el patio de mi casa...”Pero al Calvetti escritor yo lo había “descubierto” el día que en Libros Lenzi, encontré un ejemplar de “Genio y Figura de José Hernández”, cuya autoría compartía con el tucumano Roque Raúl Aragón, y que había publicado EUDEBA como corolario del certamen de ensayos en adhesión al Año Hernandiano (1972) con motivo de cumplirse el centenario de la aparición del Martín Fierro; certamen que precisamente se adjudicaran, escudados tras el seudónimo “León Cruz”.
Lo minucioso y ameno de ese trabajo sobre un tema que tanto me atrae e interesa, me cautivó, tornándose de consulta obligada.
Pasarían varios años -unos cuantos- para volver a encontrarlo; fue en la Casa de Cultura y Peña “La Salamanca”, entonces sita en diagonal 74 entre 48 y 49, cuando como parte del ciclo de charlas y conferencias que ese año de 1996 coordinó Luis Soulé, se presentó junto al Dr. Horacio Castillo que ofició de interlocutor.
De esa vez guardo la sensación que lo que tenía Calvetti para decir transitaba por un carril distinto del que discurría Castillo. Más apegado al terruño, el primero; más inclinado a lo filosófico, el segundo.
Andando el tiempo y siendo que con la Asociación de Escritores Tradicionalistas ilustrábamos el boletín bimensual con el mapa de cada provincia y un poema alusivo, al corresponderle el turno a Jujuy -2/1999- se eligió el soneto “El Retorno” de su autoría.
No recuerdo como obtuve su dirección, lo cierto fue que le hice unas líneas y le adjunté un ejemplar del Boletín y otro de mi librito “Campo de Ayer”, y cual no sería mi sorpresa y asombro al recibir unos veinte días después, una conceptuosa carta suya y un ejemplar dedicado de su “Escrito en la tierra”.
Por su carta me entero que había sido un hombre de campo, un hombre de a caballo, un tropero. Puede que sea una sonsera, pero ¡cuánto que me agrandó su imagen conocer este aspecto de su vida gaucha!
El libro “Escrito en la tierra”, contiene relatos en prosa de tipo autobiográfico, que evocan justamente, aquellos años, en que después de cursar el secundario en la Capital Federal, regresa a su provincia a instalarse en la finca familiar para dedicarse a las tareas rurales.
Así que para mi asombro, este escritor, que desde 1984 era miembro de la Academia Argentina de Letras -de la que llegó a ser su vicepresidente-, que obtuvo en 1993 el Gran Premio de Honor de SADE, que fue designado en 1999 miembro correspondiente de la Real Academia Española; con obras traducidas al inglés, francés, griego y alemán, ¡era un hombre de campo!, de lo que estaba ciertamente orgulloso, por lo que Sibila Camps reprodujo al respecto en Clarín, una frase suya que lo define: “Siempre fui un forastero, un visitante de la ciudad. Sigo siendo quebradeño nato, profundo”.Calvetti era una presencia segura cada año, cuando los Residentes Jujeños de La Plata evocan el “Éxodo” en que el pueblo marchó tras los pasos de Belgrano; allí lo vi y saludé por última vez, en el salón de la Cooperativa Bernardino Rivadavia, compartiendo añoranzas con Rodolfo Aparicio, César Corte Carrillo y José María Mercado (El Coya). Corría el año 2000.
Había nacido en la Quebrada de Humahuaca, en Maimará, el 4 de agosto de 1916, y falleció en la Ciudad de Buenos Aires, donde estaba radicado, el 4 de noviembre de 2002. En ésta última, por largos años se desempeñó en el diario La Prensa.
Su primer libro apareció en 1944 bajo el título de “Fundación del Cielo” (poesía), con el que obtiene el Premio Iniciación de la Comisión Nacional de Cultura, logrando al año siguiente con el libro de cuentos “Alabanza del Norte”, el Premio Regional otorgado por la misma Comisión. Doce títulos más conforman su bibliografía, habiendo aparecido el último en 1997 bajo la nominación de “Antología Poética”.
Un lujo de la vida haberlo podido conocer y compartir esos instantes que han de mantenerse indelebles en el recuerdo; un tesoro su carta manuscrita que he de guardar afectuosamente como un distingo.
Aquerenciado al terruño, definió: “El escritor, primero tiene que conocer bien lo propio para poder entender la esencia de nuestra cultura, para saber quienes somos en realidad.”
Tras ser velado en la Biblioteca Nacional, sus restos descansan en su provincia, en el panteón familiar del Cementerio del Salvador, donde ha de perpetuarse tal lo que se reconocía: un hombre de la tierra, un quebradeño, un gaucho del norte.
(Publicado en el N° 18, 12/2004, de Revista De Mis Pagos)

sábado, 3 de abril de 2010

MARCELINO J. B. SOULÉ: el segundo adelantado


Sesenta años se cumplieron el pasado mes de febrero, del arribo a la Ciudad de Washington, capital de los Estados Unidos, del marchista ecuestre argentino, Marcelino J. B. Soulé.
Nativo de la Ciudad de Bolivar (Buenos Aires) donde había nacido el 26 de abril de 1906, decidido a emular la hazaña de Aime F. Tschiffely y al estar por cumplirse 10 años de la culminación del viaje de aquel, inicia su periplo americano a las 9.30hs. del 27 de julio de 1938, desde la estatua ecuestre del Gral. San Martín en la plaza de su pueblo natal, tras una misa de campaña que ofició el cura párroco en la que bendijo a los tres viajeros.
Decimos tres viajeros ya que se hacía a la aventura montando en “Argentino” -un criollo alazán, obsequio de Adolfo Zuberbüller- y llevando de carguero a “Bolivar” -otro criollo, huevo ‘e pato, obsequio de Juan José Poggio-.
Había desechado los 35 kg. de su recado criollo, a favor de los 9 de una montura de polo que armaba con un mandil amarillo y coronaba con un cojinillo ‘rambougé’ de mota espesa.
Curiosamente vestía breches con botas, y cubrían su torso camisa y saco; usaba sombrero de ancha ala y amplio pañuelo, cuchillo al cinto, poncho y calzaba espuelas; en las maletas, bien dobladas, las pilchas gauchas para lucirlas en ocasiones especiales, y por si las pulgas: revolver, machete y winchester. Infaltables: pava, mate y yerba.
Con las dificultades propias de tal travesía, en septiembre del ’39, a catorce meses de su partida y cubierta prácticamente la mitad de la marcha, arriba a Cali -Colombia-, en muy malas condiciones de salud, atacado de malaria. Como primera medida y previendo una situación difícil en lo personal, busca hospedaje para sus fieles pingos, y lo halla en la caballeriza de Julio Mesa (omitimos anteponerle Sr.), a quien paga por adelantado el cuidado y la alimentación para varios días. Luego consigue un cuarto para él, donde gracias a su fortaleza física y a la desinteresada y comedida samaritana anónima que le acerca agua, paños frescos y algún alimento indispensable, logra sobreponerse a tortuosos días en que la fiebre trepaba a los 40 grados , impidiéndole levantarse y manteniéndolo en un indescriptible sopor.
Pero quiso la providencia que un buen día se despejase, y con los primeros síntomas de mejoría sólo atino a vestirse y dirigir sus pasos a la caballeriza, y cual no sería su sorpresa al no encontrar al propietario y muerto a uno de sus caballos. Ocurre que aquel siniestro sujeto no les dio ni mantención ni agua, y allí encerrados y con las fatigas del viaje, “Bolivar” -el bayo huevo ‘e pato-, claudicó para siempre.
Pero Soulé tenía una meta y no podía ni debía torcer el rumbo, y en cuanto pudo y como pudo, apuró para salir de Cali que tan malos recuerdos le dejaba.
Pero tampoco la mala actitud de un hombre representa el sentimiento de un pueblo y un país; y estando en Medellín y sabiendo algunos hombres del Polo Club de su problema, le obsequiaron un criollo colombiano de pelo colorado y unos doce años, llamado “Paisa”. Algunos de aquellos Señores era Restrepo, Mejía y Botero, y así honraron a su pueblo.
Pero habría más inconvenientes en su viaje, que no todo es ver paisajes y conocer gente.
Transitando por Méjico, y encontrándose un anochecer a menos de una legua de la Ciudad de Córdoba, es asaltado por tres sujetos, a los que enfrenta decidido, resultando en la refriega herido a machetazos, y lo que es peor, perdiendo el criollo alazán “Argentino” que le es arrebatado.
A esa altura de la marcha los dos caballos en que partiera, habían quedado en el camino: muerto uno, robado el otro. De allí en más, toda la responsabilidad recaería sobre “Paisa”.
Finalmente, en febrero de 1941, en medio de una tormenta de nieve, lluvia y viento lo recibía la Capital estadounidense; habían transcurrido treinta y un meses de su partida y había alcanzado su objetivo.
No conforme del todo, volvió a ensillar para viajar hasta Nueva York, donde llegó de noche en los primeros días de marzo; de allí se dirigió a Chicago y luego a San Francisco, concretando así el cruce de la nación del norte, del Atlántico al Pacífico.
Sabemos que en septiembre del ’41 inició el retorno montado en “Paisa”; su intención era regresarlo a Medellín, como una muestra de agradecimiento, y allí rematarlo a favor de la Cruz Roja. En rigor de verdad ignoramos si pudo cumplir su deseo; no hemos encontrado datos al respecto.
Alcanzaba los 35 años de edad cuando coronaba su propósito, y tenía 44, cuando el 19 de noviembre de 1950, al volante de un coche de Turismo de Carretera, encontró la muerte en la 2º Vuelta de Mar del Plata.
Sabemos que no son muchos los argentinos que conocen su hazaña, por eso hemos querido recordarlo.
La Plata, 30 de Mayo de 2001
(Artículo publicado en el N° 16, 1° bim. 2002, de Revista De Mis Pagos)

miércoles, 24 de marzo de 2010

ESCRITORES TRADICIONALISTAS - "25 AÑOS DE UN SUEÑO"


Prólogo a la Antología "25 Aniversario - Versos y Prosas" , AAET (2009)


Sin lugar a dudas, estas palabras previas le hubiesen correspondido a Roberto Coppari, pero... hace un año y meses el amigo se volvió estrella para guiarnos desde lo alto; y así, con mayor compromiso debemos ahora encarar los que estamos, la celebración del 25º Aniversario de esta Asociación que soñó Roberto, sueño al que cinco amigos le prendimos la cuarta un 25 de marzo de 1984 cuando todos firmamos una comunicación pública, invitando a los que gustaban de escribir en gaucho, a acompañarnos en la patriada, comprometiéndonos a dejar constituida la primera Comisión directiva en un plazo de seis meses, lo que puntualmente se cumplió, y de ahí en más todos los octubres de los años pares se procedió a la renovación de la directiva.
Firmaron aquella nota, además de Coppari, Francisco Chamorro y Rodolfo Lemble -hoy también estrellas-, Benito Aranda, Rubén J. Garaventta y quien esto escribe. De aquel grupo fundador, con Rubén hemos compartido este cuarto de siglo en la tarea dirigencial y cultural.
En aquel despuntar del ’84 varios fueron los escritores que casi de inmediato se hermanaron hasta hoy, tal los casos de Manuel Rodríguez, Agustín A. López y Juan José Lerra, éste designado primer “Puestero” (delegado o representante) en Las Flores, de encomiable tarea.
Mucho agua ha corrido bajo el puente y las palabras hechas tinta insumieron muchas hojas, y por suerte, al mirar hacia atrás vemos que aunque más no sea, una senda se ha desbrozado.
Aquellas reuniones inaugurales y por siete años, se desarrollaron en un local que “El Gaucho” Garaventta facilitaba en su inmobiliaria -entonces en Dg. 80 esq. 39-; más tarde, el 25 de Mayo de 1991 se inauguró el local de la Sede, en calle 521 Nº 1991, construido a su costa y cargo por el dinámico y desinteresado Roberto Coppari: ¡lo que ha trabajado este hombre por la institución!
Ya instalados, el lugar propio nos permitió no solo darle cuerpo a la Biblioteca, sino también ampliar las actividades, pues hasta allí, para entrega de premios, conferencias y otros actos, debíamos recurrir a la buena voluntad de terceros.
Así, en 1992 nacieron las “mateadas con versos”, reuniones domingueras organizadas entre abril y octubre, a razón de una por mes, que depararon momentos muy gratos, de abierta confraternidad, con versos, anécdotas, historias, y el canto y la guitarra de amigos de visita.
Varios “ilustres” visitaron la casa en estos años, como por ejemplo: Martiniano Arce, Rodolfo Casamiquela, Carlos Abán, Amancio A. Varela, Edilio Machado, Eduardo ‘Negrín’ Andrade, Roberto Monterrey, Francisco Scutellá, Leonor Centeno, Ricardo Ríos Ortiz, Alberto Mannarino, Claudio Agrelo, Lidia H. Palacios, Hilda Rodríguez Badaracco, Oscar Lanusse, Héctor Omar, Silvia Adriana, José María ‘Coya’ Mercado, Lucía Ceresani, D. Carlos Antonio Moncaut, entre otros.
Una labor constante ha sido la organización de certámenes literarios, ya que por el tiempo de creación de la Asociación, eran casi nulos o muy escasos los que hacían honor a “la gauchesca”, y hoy, tanto años después, nos sentimos orgullosos por lo hecho, y porque inspirados en los mismos nacieron otros.
Veintitrés son los certámenes que hemos realizado, 12 de poesía y 11 de cuento, género éste que estaba prácticamente olvidado.
Los certámenes nos permitieron conocer ignorados (por nosotros) cultores del género, como así servir de difusores de estos nombres, algunos de los cuales se convirtieron en “abonados” a la hora de los premios en los distintos concursos hoy vigentes.
(En Apéndice ..., detalle de todos los certámenes).
La creación en 1997 del “Boletín Informativo” -otra idea de Coppari-, resultó una herramienta muy interesante y positiva, ya que en los 59 números publicados hemos podido dar a conocer lo que escriben los socios, como así también dejar una puerta abierta para mostrar y difundir material de escritores que no están asociados y de otros que no son cultores específicos del gauchesco; una manera de hermanar sueños.
Cada aniversario lo hemos celebrado con un “almuerzo criollo”, habiendo hecho las primeras reuniones en el Club Vareadores de donde pasamos al salón de la Agrupación Tradicionalista “La Montonera” de Ensenada, para retornar después a La Plata al Salón Ruggero, y volver en estos últimos años a “La Montonera”.
De estas reuniones ¿cómo no recordar a los asadores?: Vasco Bordagaray, Antonio Murdolo, D. José Yebré, Gabriel López, Héctor Rolla; valga pues ¡un aplauso para el asador!
En 1994 se instituyó el Premio “Distinción Trayectoria”, con la finalidad de destacar a personas e instituciones que acreditaran un mínimo de 30 años continuados de actividad cultural, y se estableció proceder a su entrega en los almuerzos aniversarios; y del mismo modo la entrega de los premios de los certámenes se fijó en el domingo más próximo al 20 de Noviembre, “Día de la Soberanía Nacional”, en acto a realizarse en la Sede, sirviendo el mismo de cierre del ciclo anual.
(En Apéndice ..., detalle del Premio “Distinción Trayectoria”).
La importante biblioteca, de temática mayoritariamente argentinista, que cuenta con más de 2000 ejemplares, es el fruto de cientos de donaciones recibidas en estos 25 años. Una vez fue Don Carlos Moncaut -nombre que lleva la biblioteca- quien acercó una caja llena de libros; así hubo otros donantes, pero las más importantes han sido las dispuesta por el payador e investigador Víctor N. Di Santo, en su hora postrera, para más de 850 volúmenes de su colección particular, y la realizada por los familiares de Coppari, con 620 ejemplares de su biblioteca; así es que en el entorno de la “Biblioteca Carlos Antonio Moncaut” hemos creado los sectores “Di Santo” y “Coppari”, a efectos de mantener agrupadas esas importantes donaciones.
Si bien algunas cosas se han hecho, sabemos que son muchas menos que las que se deberían haber hecho. Las más de las veces, las ocupaciones laborales y la situación económica de sus directivos, ha sido la valla que impidió hacer más.(Nunca de Tesorería salió plata para financiar viajes u otros gastos).
Así y todo los comentarios y opiniones que nos llegan nos hablan de una Asociación reconocida y respetada en distintos ámbitos de la cultura a nivel nacional. Dicho esto, sin dejar de reconocer que también están los que nunca escucharan hablar de la Asociación.
Oooooooooooo000000000000000000000000oooooooooooO
La publicación a la que ahora arribamos es un sueño largamente esperado y un tanto tardíamente concretado... aunque valga de consuelo aquello de “nunca es tarde”. Lo ideal hubiese sido coronar cada lustro con la edición de un libro, pero por muy cuidadosos con los ahorros de Tesorería, recién para este 25º Aniversario decidimos encarar el libro, con la tranquilidad de cubrir el costo de la edición y de poder entregarle un ejemplar a cada asociado retribuyendo así la confianza puesta en la Institución al afiliarse.
La metodología del trabajo ha sido seguir el orden del padrón social, incluyendo a los socios fallecidos, y no así a los que renunciaran o fueran dados de baja por incumplimiento de la obligación societaria.
No ha habido selección de calidad, habiéndose librado al gusto de cada socio la elección del trabajo a incluir.
Esta “Antología 25º Aniversario – Versos y Prosas”, es cumplir un sueño, mientras acariciamos el deseo de reiterarlo en cinco años.
Si bien el lector advertirá que la mayor cantidad de asociados corresponden a la Provincia de Buenos aires, verá también que hay afiliados en distintas partes del país.
¡Con qué satisfacción damos vida y ponemos a consideración esta “Antología”!
Sirva también de estímulo para aquellos escritores que aún no se han acercado, pues como dijo el “Tata Fierro”: “Los hermanos sean unidos // porque esa es la ley primera”
A los asociados, ¡Gracias por confiar en nosotros!
La Plata, 10 de Noviembre de 2008

Carlos Raúl Risso
(Socio Fundador)

domingo, 21 de marzo de 2010

PAGO CHICO

Que mis inicios literarios están vinculados a mis vivencias infanto-juveniles en tierras de “Los Ombúes”, por El Zapata, no es para mi ningún misterio.
La gran cocina de aquella casona, o el sombreado patio de tierra donde se enseñoreaban un gran alcanfor y una añosa palmera, fueron testigos desde mi más tierna infancia, de los versos aquellos que recitaba en cuanta ocasión cuadrase, en virtud de una temprana y buena memoria, y de la constancia de mi padre por repetírmelos una y otra vez, ya que aún no sabía leer.
Como sin querer queriendo, se fue grabando en mis oídos el ritmo del verso, la música y la melodía que cada estrofa tiene, y especialmente la de la décima.
Allá por los 15 años, cuando me encontraba solo y de a caballo por el campo, jugaba a improvisar versos, y de 1968 data la primera estrofa que dejé escrita, y que dos años después se convertiría en un compuesto titulado “Atardecer”. Siempre recuerdo que di forma a esa décima, al tranco de mi zaino, rumbo al arroyo, y teniendo al frente una cina-cina, de allí que no sea casual que comience diciendo: “Canta un chingolo posao / sobre verde cina-cina / al tiempo que’l sol se inclina / a un horizonte rosao...”.
En 1972, después que falleciera mi abuelo Santiago Risso, como un homenaje a mi padre compuse un ‘triunfo’ que titulé “Pago Chico”, y al que años después mi amigo Carlos M. Parisotti le arrimara una melodía, y que suele en ocasiones interpretar Miguel Petto Gómez.
De mis lindas épocas de bailarín me habían quedado ciertas preferencias por los ritmos sureros de la huella y el triunfo, de allí quizás que eligiera este último ritmo para evocar en dicha letra, como si el que se expresase fuese mi padre, cosas propias del vecindario en que se criara; está incluido en mi segundo libro “De Sangre Pampa”.
El tema completo dice:

"PAGO CHICO"          (triunfo)

Primera

Al nombrarte “Pago Chico”
siento un temblor en los labios:
¡Soy de la zona de Bavio!
...............................................
Y me parpadea en los ojos
lo que sucedía a diario
¡Ayá en la zona de Bavio!
...............................................
Eran los campos de Gómez
que’n chacras se dividieron,
¡De sembrados se cubrieron!
...............................................
Y al amparo de los gringos
de mil formas florecieron,
¡Su vida a esta tierra dieron!

Estribillo

Yo ricuerdo “Pago Chico”
mi infancia... lejanos años...
¡Si cada día más te’straño!
..............................................
Segunda


Por una caye cortada
se yegaba hasta la casa,
¡humilde y de crioya traza!
..............................................
Donde gruesos eucalitos
sombra y ramaje la abrazan,
¡con mil nidos de torcazas!
..............................................
Siempre ricuerdo imborrable
la gente que ayá vivía,
¡Trabajadora y sufrida!
.............................................
Los Ferrea, Rossi, Parodi,
Nicora, López, O’Tría...
¡vecinos de aqueyos días!


Estribillo

Hace años que me alejé
de mi viejo “Pago Chico”
¡Pero en ricuerdos soy rico!

                              
Publicado en el mensuario local "Bavio Hoy", en 01/2001

ANA SAMPOL de HERRERO: Emblema Mercedino

En nuestra permanente búsqueda de libros de temática costumbrista -de esos que no se encuentran en las librerías clásicas-, sacamos como conclusión cada vez que encontramos algo que nos interesa y a cuyo autor desconocemos: ¡qué ignorante que somos! Y esto nos motiva para iniciar el rastreo de datos sobre el autor, cosa de poder formarnos una opinión más acabada de su personalidad y su obra.
Así fue que el 11/07/1985 nos encontramos con “La Novela de Monte Viejo”, de Ana Sampol de Herrero, Primer Premio del Certamen de Novela “Benito Lynch” 1979, del Plan Cultural del Ministerio de Educación y Cultura bonaerense, editada por dicho organismo en 1981.
Siempre despertaron nuestro interés las mujeres que abordan la temática costumbrista, donde rondan las cuestiones gauchas, ya que en el género hay preeminencia de hombres en sus autores.
Y como una vez nos sorprendieron gratamente las “Nuevas Coplas de Martín Fierro” de María de Villarino, así también quedamos tras la primera lectura de “Monte Viejo”.
Encuadra la trama, en la novela de iniciación; aquella en que el personaje, un niño/adolescente, hace el tránsito de aprendizaje hacia la adultez. (En este caso la niña Ana).
No coincidimos con la apreciación preliminar del escritor Pedro Luis Barcia en cuanto a la influencia del “Don Segundo” de Güiraldes sobre el deslumbramiento pampeano, en el texto de Ana Sampol. Es más, opinamos que construye su obra con escasos elementos obteniendo un muy buen resultado, de propia inspiración.
Tiempo después de éste hallazgo, en una visita a nuestro amigo, el historiador y bibliófolo, Don Carlos A. Moncaut, puso éste en nuestras manos en desinteresado obsequio, un ejemplar de “Cuentos Ejemplares”, y todos estos (16 en total, de ambiente rural), resultan tal el título, ya que cada uno deja una enseñanza, marca un rumbo positivo.
El mismo fue impreso en Mercedes en octubre de 1944, con sello editorial de El Ateneo, y antes lo habían precedido “A Ciegas” -novela-, “Mi Amiga y Yo” -poemas- y “El Mundo de Cada Uno” -novela-.
Seis meses atrás, la también colaboradora de “La Taba”, Graciela de León, le habló a nuestro Director de un libro llamado “Mito Luján” cuya autora era mercedina.
Dispuestos a dilucidar el tema recurrimos a nuestro amigo epistolar, Don Pedro R. Pasquinelli, guía y motor de la Biblioteca Sarmiento de Mercedes, quién en espontánea respuesta nos escribió diciéndonos: “Mito Luján, es una novela de nuestra máxima escritora: Ana Sampol de Herrero, legendaria figura de las letras mercedinas, actualmente nonagenaria...”, informándonos que dicha obra fue presentada en la Feria del Libro 1999.
Por él nos enteramos que cuasi quinceañera, vio la luz su primer cuento titulado “Anilca, la pescadora”, publicado en octubre de 1922 en el diario “El Orden”; como que asimismo por espacio de 50 años publicó en la Sección Literaria -rotograbados- de La Prensa, cuentos que Pasquinelli recopiló en dos tomos, encontrándose actualmente abocado a su publicación, como así también está trabajando en un libro sobre su larga y fecunda vida, que llevará por nombre “Ana de las Pampas”.
Otros libros de Sampol de Herrero son “Aquel Humo Claro” y “Verde Lírico”.
¡Cuánto bueno y de valor hay, que nosotros, simples mortales, desconocemos! ¿Es que no se podrá encontrar una fórmula que permita difundir lo mucho y valioso que hay en las letras argentinas?
Desde esta sencilla columna, sólo esperamos estar ayudando a reconocer un nombre, y quizás también, motivando a inquietos lectores a buscar los libros de ésta ilustre escritora de Mercedes.
La Plata, 5 de junio de 2001
Publicado en el N° 20, 08/2001, de Revista "La Taba" (Luján)